Recuerdos de mi INICIACIÓN.

recuerdos de mi iniciación

 

 

Plancha del A.·. M.·. Anselmo Otero Bueno

(Plancha del Aprendíz.·. Masón.·. Anselmo Otero Bueno)

a.·.l.·.g.·.d.·.g.·.a.·.d.·.u.·.

(A la gloria del gran arquitecto del unuverso)

En los VV.·. de Cádiz el 18/04/2008 E.·.V.·. (Era Vulgar)

En los VV.·. de Cádiz el 18/04/6008 V.·.L.·. (Verdadera Luz)

 

V.·.M.·. (VENERABLE MAESTRO)

QQ.·.HH.·. (QUERIDOS HERMANOS)

 

 

A modo de introducción, quiero decir que a mí me cuesta mucho esfuerzo hablar en público, hasta que asumo que debo hacerlo, por ello espero no equivocarme en demasía en mi exposición, aunque, de todas maneras, como me encuentro rodeado de mis QQ.·.HH.·., sé que seréis indulgentes conmigo. Muchas gracias anticipadas.

Confío en que mi Plancha no sea un incordio ni deseo ser demasiado lírico en su desarrollo, pero el acto de mi Iniciación fué un momento tan increíble, que, posiblemente, peque de ambas cosas.

Tras el desagradable ataque de ansiedad que sufrí previo al acto de mi Iniciación, pude participar en una ceremonia largísima tiempo ansiada y deseada en lo más íntimo de mi corazón y de mi alma, aunque ello fue posible gracias a la inconmensurable ayuda de los QQ.·.HH.·. Luís Fuentes y Pedro Alamillos, respectivamente. Aunque yo pensaba, por mi situación anímica, que no podría seguir adelante, ambos me dieron el empuje y  la comprensión necesarios para que yo decidiera hacerlo en unas circunstancias personales tan adversas, máxime cuando, lógicamente, no sabía qué es lo que me esperaba dentro del Templo, aunque hubiese leído algunas cosas sobre el particular.

En aquella coyuntura de mi vida personal y, por ende, de mi vida familiar, ya que ambas para mí constituyen un mismo todo, estaba absolutamente convencido de que, dando aquel paso, estaba haciendo realidad un sueño largamente acariciado desde hacía muchísimo tiempo.

En modo alguno pretendo ser un cursi o algo por el estilo, pero asumiendo que, evidentemente, no soy la mejor persona del mundo, aunque, en conciencia, tampoco creo ser la peor, estaba absolutamente convencido en mi fuero interno de que el hecho de pertenecer y formar parte de esta Fraternidad, con todo lo que ello representa, haría de mí, en el primer caso, una mejor persona, y, en el segundo caso, una buena persona, con la confianza cierta de que todo ello se tradujera en que, esa mejoría personal, se reflejara en una mejor relación mía y en un mayor compromiso en todos aquellos ámbitos en que esté implicado o me pueda implicar en el futuro.

Pero, sobre todo, lo que más ansiaba era corresponder adecuadamente a la confianza que la Fraternidad depositaba en mí al acogerme en su seno, deseando fervientemente que esta Querida Fraternidad nunca se sienta defraudada por mi comportamiento ni por mi forma de proceder. Muchas gracias por todo y aquí estoy, sin reserva de ningún tipo, para lo que los QQ.·.HH.·. demandéis de mí

En cuanto al acto concreto de mi Iniciación, aunque tengo recuerdos muy asociados a percepciones sensoriales tales como olores, sonidos e, incluso, visuales, pese a que ello pueda ser contradictorio, dado que estaba, al principio, con los ojos vendados.

La verdad es que, nada más entrar me agradó, y me relajó, al mismo tiempo, tanto el olor que se desprendía de la dependencia como la música que se escuchaba.

Mi estancia en la Cámara de Reflexión, pese a lo tétrico que pudiera parecer su aspecto y su decoración, lo cierto es que en ningún momento sentí el más mínimo temor o aprensión, todo lo contrario, me permitió, a la vista de los objetos y de las leyendas allí expuestos, realmente reflexionar sobre lo breve y baladí de las cuestiones materiales de la vida que yo conocía hasta ese momento, y me hacía vislumbrar, de alguna manera, lo que me esperaba en el momento en que fuese iniciado, una vez redactados, de manera breve, tanto mi opinión sobre un Ser Superior, como mi propio Testamento Filosófico, en el sentido en que desearía que se me recordase cuando pasase al Oriente Eterno, sobre todo, por parte de mis hijos.

Incluso, el hecho de tener que semi-desnudarme y de aquella manera en concreto tan rara, dado el sentido del pudor tan acendrado que yo tengo, sin embargo me produjo una sensación de absoluta tranquilidad y en modo alguno me veía a mí mismo ridículo, sino todo lo contrario, dado que, en mi deseo infinito de ingresar en la Orden, todo me parecía muy bien, de tal manera que, cuando estaba haciendo los tres viajes iniciáticos, nada me parecía como una circunstancia en la que yo hubiera de tener temor a nada.

En este punto tengo decir, con mi cariño más profundo y con mi agradecimiento eternos, que, el tener a mi lado al Q.·.H.·. Luís Fuentes, me daba una seguridad y una tranquilidad sin parangón. Sin saber a dónde iba o que era lo que estaba sucediendo a mi alrededor, dado que no veía nada, el hecho de que él me llevara del brazo y, al mismo tiempo, me  estuviera dando ánimos en todo momento, me sentía absolutamente relajado y protegido.

Tanto es así que yo, que soy muy cobarde y abomino absolutamente del dolor físico, recuerdo perfectamente que, cuando se me preguntó, por ejemplo, si estaba dispuesto a firmar un documento con mi propia sangre, dije que sí y que para eso estaba yo allí.

Por tanto, fue algo realmente grandioso el acto de mi Iniciación, tal es así que, cuando visualicé in situ las Iniciaciones de los dos QQ.·.HH.·. que lo hicieron últimamente, Antonio y Daniel, respectivamente, me gustó más mi propia Iniciación y eso quedará, para mí, como algo indeleble en mi vida.

Por último, decir que me he sentido tan magníficamente acogido que es increíble que, personas que no me conocían de nada y a las que yo tampoco conocía, excepto los QQ.·.HH.·. Luís Fuentes y Pedro Alamillos, respectivamente, se mostrasen conmigo como si me conociesen de toda la vida y como verdaderos HH.·.. Y, valga para ello, sendas anécdotas personales. En cierta ocasión, que acudí a la casa del Q.·.H.·. Javier Ortolá, cuando su esposa nos abrió la puerta de su domicilio, él me dijo textualmente: “Te acuerdas de tu cuñada”. Y, en otra ocasión, durante un ágape, el Q.·.H.·. Pedro Alamillos, cuando invitó a mi esposa a que se sentara en un sitio concreto y yo, en tono de broma, le manifesté que era muy imperativo en su actitud, me contestó: “Yo le digo a tu esposa dónde se puede sentar, porque para eso es mi cuñada”. Ante todo ésto, sobran las palabras.

 

 ¡Salud, Fuerza y Unión!

 

He dicho V.·.M.·.

 

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