Mi Iniciación, por Diego Muñoz

Una gran aspiración humana es volver a nacer sabiendo lo que uno sabe, aunque solo sepa que no sabe nada lo cual no es poco.

Era un día frío y húmedo, aquel día volví a nacer.

Como postulante, la cámara de reflexión invitaba a la pausa, mi respiración era lenta y relajada, y mi imaginación se proyectaba al sentirme protagonista de un rito ancestral por el que otros muchos pasaron antes que yo, supongo que con la misma expectación.

La redacción de un testamento vital fue un momento mágico en el que uno se encuentra consigo mismo, con sus miserias y sus miedos.

Desposeerme de lo material y de parte de las vestimentas para emprender mi viaje me hizo sentirme inseguro, desprotegido. Estar privado de la vista agudizaba el resto de los sentidos y me permitía vivir intensamente la percepción de los elementos.

Las llamadas a entrar en el Templo y en la Logia como Recipiendario transmitían el compromiso a asumir.

La simbología y el rito invitan a la relevancia del momento, a la importancia de las formas, el juramento Solemne de fidelidad a la Orden ya como Neófito era el sello solemne del compromiso asumido.

Y se hizo La Luz, un Delta Luminoso con un gran ojo que todo lo ve escudriñaba en el fondo de mi corazón mis miedos y anhelos, escoltado por una Luna en cuarto creciente y un Sol inspirando en mi persona La Guía, el tiempo y el paso de las tinieblas a la claridad, claridad de pensamiento, de ideas, aunque la clarividencia como estadio inalcanzable sea más un camino que una meta, pues como decía al principio de mi plancha cuanta más luz acaparas, más luz necesitas para iluminar nuevas oscuridades sobrevenidas o descubiertas, pues el ser humano cuanto más sabe más amplía exponencialmente el horizonte por saber.

En el centro de la Sala había un pavimento de baldosas negras y blancas que me inspiraban la reflexión, la paciencia, cual tablero de ajedrez.

Una Biblia, que me transmitía la importancia de la palabra, del juramento y del devenir de los tiempos.

Una escuadra y un compás, que me inspiraban rectitud y orden en mi futuro aprendizaje y en mi proceder.

Una Piedra Tosca y otra Pulida que representaban mi presente y mi futuro, con un martillo y un cincel como herramientas para construir mi nuevo Yo.

Me sentí recogido y protegido por mis Hermanos, ante mis ojos se abrió un camino, la ilusión de moldear la roca, pulir aristas y la tremenda responsabilidad de aportar mi granito de arena en la autoconstrucción de mis Hermanos

 Diego Muñoz

Valle de Cádiz, a 17 de Abril 2020

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