RECUERDOS DE MI INICIACIÓN

RECUERDOS DE MI INICIACIÓN

Queridos hermanos, todos tenemos fechas que recordar, y que de forma inevitable quedan grabadas en la vida de cada ser humano. Siempre recordamos días de nacimientos, de bodas o en general momentos que significan comienzos nuevos en nuestra vida terrena. Algunas veces se recuerdan situaciones que representan un final de algún ciclo, que puede ser vital o más conectado con nuestras aspiraciones personales. Pero sea lo que sea, un momento que recordar siempre define algo muy importante. Yo tengo mi día, el 24 de enero del 2020 como algo muy particular. Nunca en mi vida una situación a la cual se puede conectar un evento, ha sido contemporáneamente un punto final y un momento de inicio de un nuevo ciclo.

Los recuerdos son claros y muy vividos como cuando se vive algo que se ha deseado con intensidad y aunque no sabía que tenía que desarrollar mi primera plancha sobre el recuerdo de mi iniciación, ya había decidido escribir una pequeña memoria sobre lo que pasé en las distintas etapas del rito de iniciación.

El primer paso, y el más reflexivo fue cuando me encontré en la Cámara de las Reflexiones leyendo las preguntas que se me hacían, mirando todos los objetos simbólicos que me rodeaban e intentando poner negro sobre blanco en mis remolinos de reflexiones y sensaciones. Las cuestiones que me hicieron me encantaron, y en el momento que estaba intentado contestar, pensé que, en mi mente, nunca a mí mismo me había hecho estas clases de interpelaciones. Nunca desarrollé un testamento, y nunca me paré a pensar sobre cómo me hubiera gustado que me recordaran en el momento de dejar esta vida terrenal. Estas cuestiones confirmaron en mi lo que ya sabía, o sea el hecho de que necesito una guía o una escuela para poder mejorar el nivel humano y personal. 

La segunda parte del rito la encontré muy sensorial. El hecho de encontrarme semi vestido y con unas limitaciones en los movimientos me hizo intuir que este momento no tenía que ser en ningún aspecto igual a lo que pasé en la Cámara de Reflexión. La cosa previa que más me impactó, fue el que me colocaran un lazo al cuello, en este momento, pensé que el rito no tenía que ser corto. Me invadió por un instante la duda de que ante o después iba a bajar el brazo por cansancio si el ritual iba a durar mucho. Pero rápidamente este temor fue anulado por el convencimiento de que podía hacerlo todo, cansancio o dolor o lo que se me propusiera.

Se puede decir que, en esta fase del rito, menos la vista, utilicé todos mis sentidos de forma extraordinaria. La falta de orientación espacial, la sensación del calor, los ruidos, el tacto al acero de la espada y sobre todo el sabor neutral del agua y el amargo intenso de la otra bebida que tomé fueron los puntos más álgidos a nivel sensorial del rito.

Claro está que durante el tiempo que estuve iniciándome me vinieron a la mente más de un pensamiento. Pude recorrer mentalmente todas las etapas del proceso que me llevaron a postularme como francmasón, recordé la persona que por primera vez me habló de los aspectos filosóficos de la masonería y de los deberes de los masones. 

En el momento que me preguntaron donde quería el corte sobre mi cuerpo, o cuando me preparé para recibir el hierro caliente para demostrar mi absoluta abnegación y compromiso con la logia masónica, me vinieron a la mente todos los hermanos que en el transcurso de estos siglos pasaron la misma prueba. Pensé que, para muchísimos de estos hermanos, estas pruebas verdaderamente causaron un dolor físico. Pensé entonces la determinación que tuvieron para ingresar y emprender el camino que yo estaba a punto de empezar. Cuando me pidieron el juramento de silencio, recordé a los hermanos que murieron por no revelar los nombres de otros hermanos, unas circunstancias que hoy en día serían difíciles de entender. 

Concluyendo este corto relato, de mi final y de mi nuevo inicio, os puedo decir que disfruté de toda mi iniciación, a nivel mental y a nivel sensorial, aunque el momento que de verdad me hizo estar mejor, fue la calurosa acogida que tuve de mis nuevos hermanos y la sensación de que tenía que empezar un nuevo y largo proceso de aprendizaje. Sentí también un apoyo en este recorrido de mejora por parte de mis hermanos, que al igual que a mi, les gusta estudiar, y admirar el crecimiento personal como consecuencia del método masónico.

Gracias, queridos hermanos, por haberme guiado en mi iniciación y gracias por darme la posibilidad de iniciar esta nueva etapa.

 Lucio Labella

 

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